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La inseguridad alimentaria en México.

Actualizado: 23 ene 2023


La inseguridad alimentaria es un problema de salud pública y que afecta de forma global, dañando irreparablemente a nuestro planeta tierra, a la salud, al sector, social, económico, y político.


La FAO (2006) Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (Food and Agriculture Organization of the United Nations, por sus siglas en inglés) reconoce que el concepto de seguridad alimentaria ha evolucionado a lo largo del tiempo y, desde el World Food Summit 1996, ha considerado que: “La seguridad alimentaria existe cuan- do todas las personas, en todo momento, tienen acceso físico y económico a alimentos suficientes, seguros y nutritivos que satisfagan sus necesidades.


Los países pequeños dependientes de las importaciones, especialmente en África, se vieron profundamente afectados por la crisis de los alimentos y la crisis económica. Algunos países grandes lograron aislarse de la crisis mediante políticas comerciales restrictivas y redes de seguridad efectivas.

las diferentes culturas afecta directamente la seguridad en los alimentos

Los países pequeños dependientes de las importaciones, especialmente en África, se vieron profundamente afectados por la crisis de los alimentos y la crisis económica. Algunos países grandes lograron aislarse de la crisis mediante políticas comerciales restrictivas y redes de seguridad efectivas. Sin embargo, el aislamiento comercial aumentó el nivel de los precios y su volatilidad en los mercados internacionales.

Los países más expuestos a las fluctuaciones de los precios en los mercados internacionales eran en general los países pobres importadores de alimentos: disponían de escasas reservas y recursos presupuestarios insuficientes para adquirir alimentos a precios altos; tampoco tenían la opción de imponer restricciones a las exportaciones. Estos países fueron los principales perjudicados por la crisis ya que los precios internos de los alimentos básicos aumentaron considerablemente en sus mercados.


La inseguridad alimentaria y el hambre limitan el desarrollo de millones de personas en el mundo. No obstante, paradójicamente, el sobrepeso y la obesidad coexisten con la inseguridad alimentaria debido a las costumbres alimentarias de los individuos.


México, el país con la mayor incidencia de obesidad, es también testigo de esta situación. A través de una muestra de 518 comensales del Programa de Comedores Comunitarios en la capital del país, se estiman las probabilidades de transición entre los estados nutricionales normal sobrepeso-obesidad en función de los niveles de inseguridad alimentaria del hogar y los hábitos alimentarios. Los resultados sustentan que la inseguridad alimentaria favorece la transición hacia el sobrepeso, y que la composición del hogar tiene un importante rol. Además, las costumbres alimentarias tienen efectos diferenciados por genero en las transiciones, por lo cual se debe continuar implementando políticas públicas para una oportuna educación nutricional.


La demanda de los consumidores en los países con economía en rápido crecimiento aumentará, la población continúa creciendo, y si prosigue la expansión de los biocombustibles el sistema alimentario se verá sometido a demandas adicionales.

En el lado de la oferta, se plantean desafíos debido a la creciente escasez de los recursos naturales en algunas regiones y a la disminución de las tasas de crecimiento de los rendimientos de algunos productos básicos. La volatilidad de los precios de los alimentos podría incrementarse debido a los vínculos más estrechos entre los mercados agrícolas y energéticos, así como a la mayor frecuencia de las perturbaciones causadas por fenómenos meteorológicos.



Las poblaciones pobres gastan la gran mayoría de sus proporción de los alimentos que consumen son los más ingresos en productos alimenticios (Figura 4), mientras que muchos agricultores obtienen una parte considerable de sus ingresos de la producción de alimentos. Esto hace pensar que las variaciones de los precios de los alimentos tendrán notables consecuencias en el bienestar de los agricultores y los consumidores más pobres.


La superficie forestal mundial es aproximadamente de 4 000 millones de hectáreas, y aún representa alrededor del 30 % de la superficie total de tierras de nuestro planeta1. Es sabido que los bosques proporcionan numerosos servicios ambientales indispensables, ya que contribuyen a la gestión del agua y a conservar la biodiversidad y sirven de sumidero de carbono para mitigar el recalentamiento mundial. Además, los bosques desempeñan un papel importante en la seguridad alimentaria de 1 000 millones de entre los habitantes más pobres del planeta, al proporcionar alimentos o ingresos en efectivo a través de una vasta gama de productos como los ñames silvestres, la carne de caza, los insectos comestibles, frutos, hojas, setas, nueces, miel y productos medicinales.


Los bosques proporcionan además numerosas materias primas no alimentarias, como el bambú, el rotén, las fibras de palma y resinas, que pueden utilizarse para la construcción de refugios, ser vendidas en los mercados locales o destinarse a forraje para el ganado.


Las personas cuya seguridad alimentaria depende de los bosques son a menudo muy vulnerables al aumento de los precios de los alimentos porque adquieren en el mercado la mayor parte de los alimentos que consumen. Para estos grupos que viven de la recolección y de la caza, el incremento de los precios de los alimentos significa que deben extraer más productos de los bosques ya sea para venderlos en los mercados locales (a fin de obtener dinero suficiente para comprar esos alimentos más caros) o para intercambiarlos mediante trueque. Los precios alimentarios más altos pueden por eso tener un efecto directo en la calidad de los bosques, así como en la conservación y la supervivencia de especies forestales fundamentales (principalmente de fauna y plantas medicinales). Para esas personas, el cultivo no constituye una alternativa, ya que no poseen tierras cultivables ni tienen acceso a ellas.


En vista de las preocupaciones sobre el cambio climático y las pérdidas de biodiversidad, recurrir a nuevos desmontes tampoco constituiría una alternativa atractiva. Así pues, la gestión forestal sostenible es fundamental para su seguridad alimentaria. Cada vez más se necesitará la gestión de los bosques no solamente en función de su producción maderera, sino también a fin de obtener un suministro mayor y más sostenible de productos forestales comestibles no madereros y de potenciar los numerosos servicios que bosques y árboles proporcionan al sector agrícola.




Bibliografía

Dawe, D. (2012). El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo. Roma, Italy: D - FAO. Recuperado de https://elibro.net/es/ereader/uachiapas/66100?page=10.


 
 
 

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